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MI TRABAJO MURIO Y YO ESTOY VELANDOLO

* Guillermo Ferchstut

Recibido: 16 de Julio de 2003

El trabajo no solamente produce los medios para obtener alimentos, y vestidos, casa, y protección para la familia: además asegura los lazos que unen entre si a las personas que forman el grupo familiar y los niveles jerárquicos en el adentro, como la pertenencia y la representatividad en el afuera.

Los apellidos patronímicos, muchas veces antiguas denominaciones profesionales de los portadores, explican la delimitación de rasgos de identidad que diferenciaban a los grupos y contribuían a desarrollar la red social de pertenencia, los factores que hacían al mutuo reconocimiento, y fue así en distintas culturas. En el trabajo se halla involucrado el presente del individuo y su capacidad de pensarse a si mismo en la actualidad, como la de reconocerse en el pasado y proyectarse en el futuro en tanto transformador, productor y modificador de si mismo y de su entorno. Cualquier eventualidad que interfiera la relación del hombre con su trabajo amenazará esa relación, sea cual sea el equilibrio que haya logrado. La pérdida desorganiza nuestra capacidad de encontrar sentido a la experiencia y el duelo representa la lucha por recuperar el sentido cuando las circunstancias han aturdido, confundido o traicionado. La desocupación, como cambio brusco en la vida de un individuo-y su entorno - trae una crisis en su autoestima y en su sentimiento de identidad.

Seguir siendo uno mismo, conservar la mismidad a través de las circunstancias, forma la base del sentido de la identidad, es responsable por la integración del yo e indirectamente mide la fuerza del yo. Al perderse el trabajo, se desvanece su función como elemento básico de integración social, y constitutivo de la identidad cultural, sin que se hayan desarrollado alternativas de reemplazo. De golpe, algo cambia, algo se pierde, como en el exilio: uno se siente sancionado, desplazado, humillado, herido en su dignidad, avergonzado y echado de su contexto, de su país, de su terreno, sin siquiera haberse movido. Se impone la pérdida y parece imposible recuperar lo perdido.

Lo sabían los griegos cuando crearon el exilio como el peor castigo posible, con el despojo de los elementos fundantes de la identidad de un individuo. Menos la vida, le quitaban todo: el contexto, el uso de su lengua, el sentimiento de ser reconocido y sentirse necesario para otro.

El dolor, el rechazo, la desconfianza, la pena y la envidia, el sufrimiento ante la pérdida equiparan el desempleo y a sus consecuencias con el proceso que en psicoanálisis se llama "duelo". Semejante al exilio, la pérdida de trabajo trae consigo manifestaciones y ansiedades persecutorias y amenazantes frente a lo nuevo, la propia vida futura- ¿y ahora qué?- y ansiedades depresivas, dolorosas, que dan lugar a un duelo por los objetos abandonados y por las partes perdidas del self-ya nunca más- así como ansiedades confusionales y despersonalización, por la pérdida de discriminación entre lo nuevo y lo viejo. El resultado es un sentimiento de desamparo, la sensación de estar excluído de uno mismo. Desempleo-exilio-desamparo-muerte civil.

Al estado de incertidumbre y de inseguridad le siguen los síntomas muy variados: desde trastornos psicosomáticos hasta problemas de conducta que se extienden al medio que las rodea, como una mancha de aceite, ya que, en el ambiente familiar, el cambio de una de las partes influye en el resto.

El individuo que sufre una prolongada cesantía, en especial si sobrevino bruscamente, cae en una especie de "montaña rusa" emocional: teme ser discriminado en su ámbito como lo fue en su trabajo, padece las dificultades que surgen del hecho de sentirse inseguro, indefenso y de tener que pedir.

El sentimiento de incertidumbre y de inseguridad por el futuro da lugar a conductas que van de la más tajante de las negaciones hasta estados de desesperación aguda.

No es difícil percibir las consecuencias de tales estados en las personas afectadas y en su medio: conflictos en la pareja, reproches, problemas sexuales, propensión a accidentes, separaciones. Se advierte entonces que el trabajo cumple una función de organizador del individuo y su ubicación en la sociedad; y de meta que asegura un horizonte al grupo familiar.

Pueden señalarse varias etapas, con oscilaciones entre:a) el shock, b) el optimismo c) el pesimismo, y d) el fatalismo. Esta última representa la transición de la inactividad a la frustración , y de alli a un estado final de apatía , donde la persona alcanza su nivel más bajo de autoestima-"me siento como un fantasma que camina"-

Un estudio canadiense dice: "perder el empleo puede provocar un lento proceso de muerte ". Hay incluso, alguna evidencia de que la acumulación de cambios personales, aun los deseados, pueden provocar una quiebra en la salud. Tanto más si se trata de cambios no deseados.

En el duelo por la pérdida de un familiar, la importancia de los ritos personales, familiares y sociales de despedida surge del hecho de que expresan una pérdida. Son ceremonias que van reforzando la seguridad y evitan impactos en sus condiciones de salud. Los ritos del duelo sirven para reiniciar la red de vínculos , alivian la carga de dolor y articulan los procesos que expresan relaciones sentidas como quebradas o perdidas. "Te acompaño en el sentimiento, no estás solo, nosotros seguimos con vos" Son marcas que delimitan tiempos y pasos, ceremoniosamente cumplidos. Del mismo modo, para el que pierde su empleo hacen falta ritos de despedida, de limitación, de consenso, que le aseguren la continuidad de su pertenencia al grupo. El acompañar al doliente lo sostiene en su dolor, porque él también había perdido el sentimiento de ser necesario para otro. Así se logra mantener la cohesión de las partes separadas, sin perder la relación entre ellas y con el yo, recuperando su confianza en la vida.

Wilfred Bion mostró cómo el cambio catastrófico puede desembocar en una catástrofe verdadera o, por el contrario, en una evolución exitosa y creativa.

También el desempleo puede adquirir el significado de un fracaso o derivar hacia un renacimiento. Puede ayudar a reorganizar, adaptar, aceptar la estructura ya existente, y evitar con ello la desorganización. A recuperar la regularidad de los hechos de la vida y la estabilidad que reposa en la continuidad de su sentido. El antivideoclip.

La continuidad de sentido va acompañada por la identidad y las experiencias a través de las cuales nuestras necesidades emocionales adquirieron el hábito. No podemos sobrevivir sin un sistema en el que exista algún tipo de tipo de predicción sobre el curso de los hechos. Y no importa si el sistema es falso o no. No podríamos sobrevivir ni siquiera un día si nuestro contexto no fuese predecible: cada día tenemos que reconocernos a nosotros mismos, de manera tal que nuestra identidad, el "quienes somos, cómo son nuestros sentimientos", se conserve más allá de los cambios externos e internos. Desde la primera infancia aprendemos a otorgar sentido a las cosas y a la gente, y a transferir y aplicar a situaciones nuevas las experiencias asimiladas, colocándolas en los contextos de una confiable y familiar construcción de la realidad.

El origen de la innovación y su propósito esencial puede ser una forma de elaborar la reorganización, proceso fundamentalmente similar a la pérdida y elaboración del duelo. Enfrentados con una disrupción drástica, de alguna manera los sobrevivientes se agrupan y siguen adelante. Como sea, la continuidad del pasado y del presente tiene que ser mantenida. Un hombre hambriento no sufrirá mientras pueda asirse a la idea de que va a encontrar alivio, aun cuando gaste lo último de su energía . Pero una persona en duelo no tiene un sustituto aceptable. Ni siquiera las otras personas, o los parientes, o la seguridad, sirven par tapar la pérdida, que parece irremediable porque no tiene reemplazo o equivalente. "Yo se que ahora vendrán caras extrañas"...El duelo, con sus vicisitudes, sería una lucha para reparar el esencial rasgo de la continuidad, cuya resolución sigue mostrando una profunda ambivalencia.

La desocupación es un proceso, no una situación estática, ya que se extiende desde el instante en que se vive la pérdida del empleo hasta el momento de un eventual reingreso como fuerza de trabajo. Es un pasaje de una situación a otra, que exhibe similitudes con otros acontecimientos vitales como el divorcio, las muertes cercanas, la enfermedad, los fracasos personales. El hecho de que, comprender la naturaleza de lo que perdimos pueda pueda disminuir el dolor del duelo no aparece inmediatamente. Percibir la diferencia y comprenderla, no solo para llorarla, sino también para evaluarla y cambiar las perspectivas, es lo que duele del duelo. Y lleva tiempo. Y no siempre es exitoso.

Cualquier tipo de trabajo, incluso el trabajo de conseguir trabajo, es la alternativa. Porque hay subproductos del trabajo tan importantes como la remuneración - la organización familiar y personal mediante un horario de la cotidianidad, los contactos sociales, la claridad sobre metas y propósitos, la definición de identidades, y el impulso hacia la actividad - que peligran al perderse el puesto de trabajo. Y hay personas que requieren un reordenamiento interdisciplinario - reciclarse, repensarse, reinventarse- de su ubicación en el desgarro de las redes, ya que de enredados y productivos, pasaron a engalletados y rotos.

Entonces, conviene distinguir entre desocupación y pérdida de empleo. Desocupación es también bajar los brazos.

*El Dr Ferchstut es Psicoanalista. Miembro titular con función didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires http://www.apdeba.org/

Publicación original: Diario Página 12 - 18 de mayo de 2000

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