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EL ESTADO DE INDIFERENCIACION EN LAS FAMILIAS NUCLEARES
Y LOS GRUPOS TRIBALES PRIMITIVOS

Julian Zapatel

Recibido el 3 de marzo de 2004


En este trabajo se señalan algunas semejanzas que existen entre lo que la terapia familiar conocecomo "familias rígidas" y la organización tribal de los pueblos tribales primitivos.
En estas dos sociedades encontramos que los miembros que la integran se hallan pobremente diferenciados respecto al grupo de pertenencia, funcionando más como una parte de un gran organismo que como seres independientes y autónomos, capaces de relacionarse sin perder o modificar su grado de individualidad.
En ambos casos, esta forma de comunidad está fundamentada por un conjunto de creencias compartidas por todos los miembros y en las cuales se organizan y van creando su concepción del universo.
Se dan también algunos ejemplos interesantes de esta indiferenciación.que, para la mentalidad primitiva, se hace extensiva a la totalidad de los procesos que tienen lugar en la naturaleza.
Cuando hablamos de desarrollo, diferenciación, de individuación; hacemos referencia a un proceso natural de crecimiento mediante el cual el individuo va adquiriendo una personalidad cada vez más definida y por consiguiente en grado mayor de autonomía con respecto al grupo de pertenencia.
Sin embargo, este desprendimieto a veces no se produce y el individuo permanece en un estado indiferenciado, donde sus límites personales no están claramente delimitados respecto a los de los otros miembros del grupo.
Encontramos que el estado de indiferenciación estudiado por la Terapia Familiar en las familias nucleares rígidas de nuestra sociedad existe también en muchas de las culturas llamadas primitivas.
Para la Teoría Sistémica la familia puede compararse a un organismo vivo cuyos procesos homeostáticos pueden modificarse en base a las leyes que evolucionan en el tiempo, con el fin de adaptarse mejor a las exigencias de las nuevas etapas de su desarrollo.
Esta autorregulación del sistema se asienta en dos tendencias opuestas, pero complementarias: la diferenciación progresiva de los miembros hacia funciones cada vez más ricas y variadas por un lado, y el mantenimiento de la unidad del grupo en el tiempo, por el otro.
La capacidad creciente de participar en diferentes situaciones, establecer nuevas relaciones y pertenecer a otros sub-sistemas extra-f'amiliares, permite desempeñar roles diferentes enriqueciendo aspectos de la personalidad que hasta ese momento no se conocían o eran pobremente utilizados.
Con el ensanchamiento progresivo del espacio individual, la persona va descubriendo e integrando estos nuevos elementos a su verdadera identidad específica, pudiendo luego hacer uso de ellos en diferentes situaciones.
En este sentido, el individuo se volverá cada vez menos indispensable en el funcionamiento de su sistema familiar original, produciendose la separación de éste en aras de la creación de un nuevo sistema en la construcción de una nueva familia.
Ahora bien, para que todo este proceso se dé de una manera fluída, la familia de pertenencia debe ser flexible, esto es, capaz de tolerar las fases de inestabilidad que cualquier proceso de crecimiento implica, ofreciendo, en el cambio, un punto de referencia constante como apoyo para el mantenimiento de la continuidad personal.
Cuando esto no ocurre, nos encontramos ante un sistema rígido caracterizado por su poca capacidad de adaptación a las nuevas situaciones relacionales que el transcurrir del ciclo vital trae aparejadas. Así el acrecentamiento de la autonomía es vivido como un peligro creciente para la estabilidad del sistema, el cual intenta reducirlo a su mínima expresión, pautando relaciones estereotipadas, en base a funciones rígidas acordadas en forma explícita o no.
De esta manera el individuo permanece en un estado indifrenciado por el cual su trayectoria vital se ve truncada y su existencia obtiene justificación unicamente por el rol asignado en la dinámica familiar.
Pero también, como ya hemos dicho, existen culturas diferentes a la nuestra donde el individuo permanece toda su vida en un estado de fusión con los otros miembros de su grupo. La familia que se observa en estas sociedades es del tipo que suele llamarse clasificatoria, cuya principal característica es precisamente que la unidad funcional no es el individuo sino el grupo.
Aquí el estado de indiferenciación está sustentado por la creencia en una especie de principio místico que vincula en forma recíproca a todos los seres y objetos existentes, del cual estos no serían más que variaciones en la manifestación de aquel.
Esta esencia común que adopta distintos nombres según la etnia estudiada, constituye la columna vertebral sobre la cual el primitivo basa su percepción del mundo.
Según ella, la particularidad de los seres sólo es un accidente de importancia menor y por eso mismo, los límites entre ellos son sumamente arcaicos y permeables.
Esta creencia en un principio conector universal se pone de manifiesto en muchos aspectos de la vida del primitivo. Aquí sólo analizaremos cómo esta representación colectiva incide en las relaciones sociales del clan.
En las tribus del Africa occidental francesa, según palabras de Monteil "El individuo, sea quien sea y sea cual sea su situación, únicamente vale en tanto que miembro de una comunidad; es ella la que existe y vive, mientras que él no existe ni vive nada más que por ella y en gran parte para ella" .
En el Congo belga, entre los azandes, otro observador nos cuenta que "... se percibe una psicología social excesivamente estable y conservadora. La sociedad se les presenta como un valor inmutable..."
Smith y Dale se refieren a lo mismo al decir que "... un miembro pertenece a su clan, no se pertenece a sí mismo".
La prueba de que el clan constituye la verdadera unidad existencial, siendo el individuo un simple elemento más de la misma, la encontramos también en los testimonios de la vida cotidiana del primitivo.
Así, entre los indios de la Guayana, cuando un individuo enferma, no so1o él, sino también sus parientes próximos deberán abstenerse de ciertos alimentos.
La primera prescripción del Piache, o sea el médico, era imponer una dieta general al enfermo y a todos los suyos, debido a que para este pueblo el consumo de determinados alimentos por parte del familiar repercute en forma directa en el paciente.
Encontramos la misma creencia en muchas otras tribus como los Caribes, los Arawaks, lo Warraus, los Jibarros y los Canelos.
Otra situación: entre los Basutos, cuando se advierte que un niño se ha dormido fuera del horario acostumbrado, deben averiguar si hay alguno de los parientes durmiendo. Si es asi, se le despierta inmediatamente ya que es por su culpa que le niño se ha dormido.
Esta identidad compartida es mucho más importante entre parientes próximos. Junod nos dice que en ciertas tribus sudafricanas, si a un hermano menor le salen los dientes, se considera que éstos hace caer los de su hermano mayor.
En otras partes de Africa existe una suerte de derecho virtual del hermano menor para con las mujeres del hermano mayor, que a veces llega a hacerse efectivo con el consentimiento del marido, generalmente cuando éste se halla lejos del poblado.
Incluso, cuando no existe tal permiso, a este tipo de relaciones no se las considera adulterio. Para estas gentes, el adulterio es simplemente un robo; pero cuando un hermano toma alguna cosa del otro, el hecho no constituye, hablando con propiedad, un robo. Los hermanos forman una unidad y no es posible robarse a sí mismo...
Por otra parte, la unión de los hermanos no se ve afectada por la muerte de uno de ellos. Esto explica muchas costumbres respecto a la suerte de las viudas: "Cuando muere un hombre entre los Jibaros, es necesario que su hermano se case con la viuda. El marido difunto que todavía está celoso de la mujer que deja tras de sí, no la cede a nadie que no sea a su hermano, el cual forma con él una sola persona y lo representa en el sentido más estricto de la palabra".
Y ya que hablamos de la muerte de uno de los hermanos, veamos qué ocurre cuando ésta se produce a manos de otro hermano o cuando es un hijo el que asesina a su padre.
En esta eventualidad, el homicidio constituye, debido a la identidad común, una especie de suicidio parcial, por lo cual no se castiga, o en todo caso la sanción se limita a una ceremonia expiatoria, debido a que con este acto el individuo, además de afectarse a sí mismo, perjudica al conjunto de su comunidad. "El fratricidio y el parricidio no son castigados, siempre son considerados accidentes y el asesino, si hereda, tiene tantos derechos como cualquier otro con respecto a la herencia de su víctima. A menudo, incluso las viudas lo elegirán como marido".
En el Amazonas, "la tribu no presta ninguna atención a un asesinato cometido en el interior de la familia, por ejemplo, el de un hijo o el de una mujer, porque no es necesaria ninguna venganza. La pérdida solamente revierte en los propios asesinos, es un asunto que debe arreglarse en familia. La pérdida de un miembro no parece un motivo razonable para forzar la pérdida de otro".
Otro aspecto bastante ilustrativo resulta del papel que desempeñan en estas sociedades las ideas de reciprocidad y compensación. Aquí existe un verdadero apremio por reparar lo antes posible cualquier pérdida que altere el normal equilibrio energético del clan.
El desequilibrio puede generarse, por ejemplo, por un casamiento, donde un clan cede a otro a la futura esposa, perdiendo así un miembro de su grupo. Para solucionar este problema en muchos lugares se intercambia a la mujer por el pago de una cierta cantidad, o bien, si el pretendiente tiene hermanas, con el intercambio directo de una de ellas.
Si la pérdida de uno de los miembros del clan se debe a un asesinato llevado a cabo por un individuo de otro grupo, la venganza toma el mismo carácter reparador (cadaver por cadaver), prolongándose la matanza hasta que el número de muertos se equipare en ambos grupos. Lo que importa, no son las cuestiones personales que llevaron al homicidio, sino el menoscabo colectivo sufrido, que sólo puede anularse infligiendo una herida equivalente a la tribu responsable.
Así, el delito cometido por un solo individuo, se convierte inmediatamente en culpa general.. El acto de uno solo, es responsabilidad de todos.
Con estos ejemplos, podemos ver que la indiferenciación no es un estado exclusivo de las familias con designación rígida. Existen antecedentes histórico-culturales de indiferenciación social, independientemente de las causas determinantes de dicho estado.
Antes de finalizar, nos gustaría analizar brevemente las diferencias en el fundamento, mediante las cuales dos grupos humanos, aparentemente tan diferentes establecen una misma modalidad relacional.
En primer lugar, para los primitivos, la vivencia de coparticipación esencial forma parte de un bagaje cultural; constituye una creencia compartida por todos los clanes de la tribu, posee un fundamento místico-religioso, y entre ellos existe cierta conciencia de esta condición donde los límites interpersonales se mantienen pobremente definidos.
Además, si tomamos en cuenta su actitud hacia las necesidades de cambio planteadas por el devenir del ciclo vital, podemos decir que no son negadas o evitadas, como ocurre en las familias rígidas. Aquí la transformación del sistema existe y ocurre con la ayuda de una serie de complejos rituales, cuya función es, justamente, ofrecer un marco de seguridad durante estas situaciones potencialmente desestabilizadoras.
Por el contrario, en nuestra sociedad, el estado de indiferenciación surge como consecuencia de un mecanismo de defensa familiar contra los miedos al cambio .
Bajo estas condiciones se consolida un sistema rígido en el cual las personas coexisten en el nivel de funciones, cristalizándose en modelos de intercambio fijos y creando, por ende, una situación patológica que toma cuerpo en el paciente designado.
No podernos saber si la "masa indiferenciada del yo familia" de Murray Bowen y la "participación mística" descripta por Lévy Bruhl corresponden a distintas rnanifestaciones de un mismo proceso psicológico, o si tan sólo se trata de un fenómeno de convergencia.
En cualquier caso creemos que el estudio de este tipo de conductas en los pueblos primitivos, puede aportarnos valiosa información acerca del tipo predominante de intercambio en 1as familias que poseen en su seno un miembro catalogado como insano.

(c) Dr Julian Zapatel

Email: julianz03@yahoo.com.ar

BIBLIOGRAFIA
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